El relámpago del crack

Triunfo argentino con gol de Messi ante Irán y nada más

Argentina ha pasado a octavos con la misma imagen deslucida que mostró al mundo en su triunfo con Bosnia ya que el equipo sufrió muchísimo para quebrar a una defensa iraní impenetrable. La falta de creatividad y el juego monótono impidieron ver jugadas colectivas. Messi se convirtió en el goleador y Sergio Romero en el gran salvador.

El planteamiento táctico iraní fue claro como el agua y a falta de talento y talentosos, buenos son defensores. El equipo de Carlos Queiroz apeló a una defensa a modo de cerrojo, a una presión intensa con Messi y al roce físico para cortar cualquier iniciativa de los argentinos,
La Selección de Sabella volvió al esquema que favorece el juego de Messi y supo manejar el balón a voluntad pero no encontró el camino para quebrar la férrea voluntad iraní. La falta de lucidez mental en los últimos metros del ataque, la carencia del juego colectivo sorprendente y el escaso aprovechamiento de las bandas dejó al equipo cojo con muchísimas dudas.
La afición albiceleste empezó el partido con ilusión apoyando a los jugadores con sus cánticos ya habituales pero terminaron rezando cuando el peligro iraní acechó la portería de Romero y el empate tuvo ojos de salvación.



Argentina empezó relativamente bien cuando consiguió intensidad en el juego pero careció de una correcta pegada final. Ante esta situación, los asiáticos se hicieron fuertes en defensa para poder minar la moral de los argentinos que empezaron a encadenar jugadas desperdiciadas. En cada ataque argentino, la muralla iraní aumentaba impidiendo la conexión entre Messi, Agüero e Higuaín. Hasta aquí, misión cumplida.

El plan B de Sabella consistió en intentar abrir el cerrojo con jugadas a balón parado para Messi pero el crack no estaba fino sino más bien perdido en la telaraña teniendo que retroceder hasta mitad del campo para intentar recuperar el balón.

El triunfo anímico de los iraníes les permitió animarse y dar un paso adelante usando también el as del balón parado en primer lugar y a posteriori el contragolpe que provocó un desajuste defensivo grave.

La jugada polémica fue el reclamo de un penalti por parte de los asiáticos en una jugada de Pablo Zabaleta. El árbitro no lo cobró, Argentina respiró y se encendieron todas las alarmas pues el peligro era real. Romero tuvo que lucirse en varias ocasiones para mantener a cero su portería convirtiéndose en héroe y figura.


Argentina siguió sin ideas y encerrada en su propia impotencia. Di María se mostró como el hombre más inquietante del equipo pero terminó también abducido.

Agüero e Higuaín sufrieron para poder recibir algún balón en condiciones y Sabella tuvo que reemplazarlos en la segunda parte por Ezequiel Lavezzi y Rodrigo Palacio buscando frescura, sorpresa, intensidad y gol.

El trabajo de Messi apareció y desapareció por arte de magia. Perfectamente marcado y sin posibilidades claras de recibir buenos balones de Gago, el crack argentino se fue desdibujando.

Cuando el tiempo se agotaba, cuando el funcionamiento colectivo no encontraba lugar y cuando el trabajo individual se resistía llegó Messi quien con un disparo cruzado desde fuera del área desató la furia de la afición y la suya propia.

El equipo argentino sigue sin jugar bien como si le costara soltarse. Messi sigue sin encontrar ese hombre en el mediocampo que lleve la batuta y le de libertad para jugar más libre y el equipo en general parece una foto estática.


Cara al partido con Nigeria es probable que Sabella introduzca cambios para dar descanso a aquellos jugadores indiscutidos que afrontarán el compromiso de octavos, decisivo para las aspiraciones argentinas en este mundial.



Sandra Vadillo
Periodista Deportiva
sandravadillo.mediapress@gmail.com
Twitter: @sandrapress

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